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Con huelga de hambre, medios de comunicación atentos y la opinión pública observando”, es la fórmula “mágica” para resolver cualquiera problema, parece decirnos Guillermo Fariñas, el disidente cubano, preso en cárceles de Cuba, quien ha logrado acaparar la atención de medio mundo para mostrarle a la sociedad “cómo vive un prisionero ”político“ (según él) o ”reo común“ (según Raúl Castro, presidente cubano), de cualquiera manera, los medios de comunicación escritos, electrónicos y hasta la red web, le han dado una cobertura a nivel mundial que, créamelo, envidiaría cualquier polémica artistita de las dos únicas empresas de televisión privada abierta.
Martín Esparza Flores, el polémico líder del SME (Sindicato Mexicano de Electricistas), denominado también ”disidente“ (igual que Guillermo Fariñas) por sectores públicos de México, también le entró a la amenaza de ”huelga de hambre“ (ya lo había hecho antes) para forzar a ”agilizar“ al Tribunal Superior de Justicia de la Nación a emitir un fallo a favor de su sindicato y la extinción de la empresa paraestatal Luz y Fuerza del Centro (hoy parte de Comisión Federal de Electricidad) y, tal parece, le ha resultado el observar (y copiar) al disidente cubano ya que los ”negros nubarrones“ que oscurecían su actividad a favor de sus compañeros ”empiezan a disiparse“ para lograr un acuerdo, donde el principal, obviamente, es recuperar el empleo para esos trabajadores llamados también, para no variar, ”disidentes“.
Y es que, desde hace algunos años, muchos de los personajes de la política mexicana se hacen ”de la vista gorda“ aunado esto a ”oídos sordos“ ante la problemática de los trabajadores, pensionados y jubilados. Esto es, imagínese, usted, que alguna de las empresas, aseguradoras y bancos involucradas con el gobierno, en cualquiera de los tres niveles, federal, estatal y municipal, le digan ”no le podemos o no queremos pagarle“, ”espérese unos ocho o diez meses para, esperamos lograrlo, poderle pagar sus ahorros de hasta tres décadas“, o bien, ”no insista, no moleste, no solicite y no pida, porque no le vamos a pagar“.
Eso, no es un cuento inventado por quien esto escribe, tampoco es algo de ciencia ficción o alguna ”travesura“ de extraterrestres (ahora que los puso de moda la señora Lissette Farah). Es una realidad que viven (o debo decir, sufren) a diario miles de trabajadores, jubilados y pensionados, ante la negativa de esos organismos que ”guardan y aseguran (y lo hacen muy bien)“ sus ahorros de toda la vida y que se supone (nada más, se supone) son ”para el retiro de los trabajadores que entregaron casi toda su vida a su labor diaria“, pero que, por diversos ”mecanismos y tecnicismos“, simplemente, no se pagan o tardan meses y podría decirse, hasta más de un año, para cubrirse. Incluso, créamelo, hay personas que no pudieron disfrutarlo, simplemente, porque fallecieron antes de que, esos gobernantes, funcionarios de aseguradoras (la mayoría extranjeras) y organismos públicos, quisieran pagarles. Recursos económicos que, me gustaría preguntar, ¿adónde van? o ¿adónde quedan?.
Esa, créamelo, es la política de la ”vista gorda“ y ”oídos sordos“, no importando a quién se dirija usted, basado en el Artículo Octavo de la Constitución Política Mexicana (el cual obliga a responderle al remitente), desde el Presidente de la República, a funcionarios menores, organismos de defensa de usuarios (Conducef o Profeco), Comisión de Derechos Humanos o hasta (nada más, eso faltaría) a la ONU, Organización de las Naciones Unidas, incluso (y, perdón por ello) a los Tres Reyes Magos o a Santa Claus. Ninguna respuesta positiva obtiene, ni del gobierno, ni de las aseguradoras ya que, lo único que le dicen es: ”no podemos pagar, espérese algunos seis u ocho meses y, tal vez, le podamos dar alguna respuesta“. ¿Qué le queda a esas personas?. ¿Hacer huelga de hambre? o ¿llamarse ”disidentes“?. Eso, inevitablemente pasa en México. Y eso que estamos en año de elecciones. ¡Imagínese¡.
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